sábado, 5 de julio de 2014

LA BIBLIA ME LO DICE CAP.10 V. P. Wierwille

Capítulo diez

Completos en él

Colosenses 2:9,10:
Porque en él [Cristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad,
y vosotros estáis completos en él…

Si estamos completos en Cristo, entonces estamos verdaderamente completos. Pocos cristianos han utilizado el poder de Dios en ellos porque no llegan a renovar sus mentes a la verdad absoluta de la Palabra de Dios de que ellos están completos. Para vivir la vida en abundancia y ser “más que vencedores por medio de aquel que nos amó”, tenemos que confesar y actuar según indica la Palabra de Dios. Cuando nuestra confesión no está alineada con la Palabra de Dios, vivimos una vida de inferior calidad, no logramos manifestar la vida más abundante, y no indicamos que somos más que vencedores”.  Cuando creemos muy poco, manifestamos menos de lo que legalmente y legítimamente nos pertenece como hijos de Dios.
    
Cuando yo confieso que no soy lo que su Palabra declara que soy, no es que Dios sea menos en mí, sino que yo soy menos en Él. Literalmente esto me hace un mentiroso.  Estoy entonces confesando que Dios no tiene razón, y que Él no ha hecho por mí lo que Él dice que ha hecho. No lo quiera Dios que hagamos esto pues Dios es Verdad y todos los hombres son mentirosos (Romanos 3:4 De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado). Si la Palabra declara que estamos completos en él entonces estamos completos --pues somos lo que la Palabra de Dios dice que somos, tenemos lo que dice que tenemos, seremos lo que dice que seremos, y tendremos lo que dice que tendremos.
     
Nuestro significado español usual de la palabra “completo” no transmite el énfasis apropiado en esta frase de la Escritura:  “y vosotros estáis completos en él…” El  arameo ilumina esta expresión con mayor claridad.
     
En arameo hay cuatro formas gramaticales diferentes para mostrar la intensidad de un verbo. El español no tiene forma verbal alguna que corresponda a esta forma aramea.  Aun en arameo son muy pocos los verbos que experimentan estas cuatro conjugaciones.
     
La primera conjugación es gal en hebreo, peal en arameo estranguelo o una forma simple en español.  La segunda conjugación se llama piel en hebreo, pael en arameo estranguelo o una forma intensiva en español.  La tercera conjugación se llama hiphil en hebreo, aphel en arameo estranguelo o una forma extensiva en español. Para mostrar cierta comparación con el español, usaremos el verbo pasivo “estar completo”.  La forma intensiva mostraría en estar completo más intenso --“estar completamente completo”.  La forma extensiva indica aun mayor intensidad-- “completamente y absolutamente completo”.
      
Si en Colosenses 2:10 Dios hubiera puesto el verbo “completo” en este último uso (extensivo) --a saber, que estamos “completamente y absolutamente completos en él”--esto sería maravilloso; pero éste no es el caso. Dios va aun más allá de esta forma extensiva para mostrarnos cuán completos estamos en él.  Los manuscritos arameos en Colosenses 2:10 usan una cuarta conjugación muy rara.
      
Esta cuarta conjugación se llama hithpael en hebreo, shaphel en arameo estranguelo, o lo que sería la forma extra--extensiva en español.  Se encuentra sólo pocas veces en la Biblia. Esta conjugación, muy raramente usada, es difícil de traducir.  Pero he aquí un ensayo de traducción de Colosenses 2:10 como es dado en arameo en la forma eshtaphal (shaphel pasivo, que corresponde al hithpael hebreo): “!Estamos completamente, completamente, absolutamente completos en él!” Tal forma de estar completos es incompresible a la finita mente humana. En el mejor de los casos, podemos saber con seguridad que no carecemos de nada. 
     
Las siguientes son algunas de las cosas que componen nuestro estar completos:

Colosenses 1:12,13:
Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar
de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas,
y trasladado al reino de [por] su amado Hijo.

Colosenses 1:21,22:
Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños
y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras,
ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne,
por medio de la muerte, para presentaros santos
y sin mancha e irreprensibles delante de él.

Efesios 1:7:
En quien tenemos redención por su sangre,
el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

1 Corintios 1:30:
Mas por él [Dios] estáis vosotros en Cristo Jesús,
el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría,
justificación, santificación y redención;

Colosenses 2:10-12:
Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado
y potestad. En él también fuisteis circuncidados
con circuncisión no hecha a mano,
al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal,
en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo,
en el cual fuisteis también resucitados con él,
mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

Romanos 8:37:
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores
por medio de aquel que nos amó.

Romanos 6:4:
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo,
a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre,
así también nosotros andemos en vida nueva.
      
Como hijos de Dios renacidos, estamos completos en él. El próximo paso es manifestar este estar completos. La operación del don de espíritu santo en cada creyente renacido es la clave para liberar poder potencial y demostrar el estar completo. El don del espíritu santo tiene nueve manifestaciones que están presentadas en 1 Corintios 12.

1 Corintios 12:7-11:
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.

Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría;
a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;

a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro,
dones de sanidades por el mismo Espíritu.

A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro,
discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros
de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.

Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo
Espíritu, repartiendo a cada uno en particular [su propio]
como él [el hombre] quiere.
     
Cuando operamos estas manifestaciones comenzamos a evidenciar parte de nuestro poder dado por Dios. Yendo un paso más adelante, las manifestaciones del espíritu producen como resultado fruto del espíritu.

Gálatas 5:22-23
Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz,
paciencia, benignidad, bondad, fe,

mansedumbre, templanza…
       
El fruto resulta de la operación de las manifestaciones del espíritu. Los cristianos no pueden mostrar el fruto del espíritu sin operar las manifestaciones del espíritu al igual que no pueden manifestar el espíritu sin tener el espíritu. El fruto del espíritu, del cual Gálatas 5:22,23 habla, no es el fruto de las obras del hombre. El fruto que se evidencia a sí mismo al operar las manifestaciones del espíritu es el único “fruto del espíritu”.   Primero operamos las manifestaciones, las herramientas, y así cultivamos el fruto en evidencia. Esta verdad es extraordinaria cuando consideramos que por años hemos leído “fruto del espíritu” pero hemos actuado consistentemente como si debiera decir “el fruto de las obras del hombre”.
        
¡Que verdaderamente maravilloso es darse cuenta de que como hijos de Dios tenemos las manifestaciones del espíritu y que por la operación de estas manifestaciones es evidenciado el fruto del espíritu! El fruto del espíritu es manifestado en el mundo de los sentidos sólo según renovamos nuestras mentes a actuar por el poder del espíritu dentro de nosotros.
        
Las manifestaciones del espíritu y el evidenciar el fruto del espíritu muestran parte de nuestro estar completos. El alcance total de estar “completos en él”, sin embargo, podrá saberse solamente cuando lo veamos cara a cara.

Colosenses 3:1-4:
Si, pues, habéis resucitado con Cristo,
buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.

Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste,
entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.
    
Sin duda cuando seamos “manifestados con él en gloria” seremos capaces de apreciar cabalmente que estamos completamente, completamente, absolutamente completos en él. ¡Que vigorizante espiritualmente es saber y darnos cuenta de que nosotros como cristianos somos lo que Dios dice que somos y que tenemos lo que Él dice que tenemos!
    
Nuevamente, ¿cuáles son algunas de las cosas que tenemos que componen nuestro estar completos? Tenemos una herencia con los santos, habiendo sido librados de la potestad de las tinieblas y trasladados al Reino de Dios; hemos sido reconciliados con Dios, ante el cual somos santos, sin mancha e irreprensibles; tenemos redención y perdón de pecados; Cristo nos ha sido hecho sabiduría, justificación, santificación y redención, somos más que vencedores; podemos andar en vida nueva; tenemos el don de espíritu santo y por tanto podemos operar las manifestaciones del espíritu y producir el fruto del espíritu.
    
¿Está empezando a entender usted ahora que está, como dice Colosenses 2:10, completamente, completamente, absolutamente completo en él? Cuán motivados deberíamos estar para andar con vida nueva, sabiendo cuán grande es Dios y cuán bueno Él es con nosotros a causa de las obras de Cristo Jesús, Su Hijo.

viernes, 4 de julio de 2014

LA BIBLIA ME LO DICE CAP.9 V.P. Wierwille

Capítulo nueve

El Cuerpo Partido Y La Sangre Derramada
Sanidad En La Santa Comunión

Gran número de cristianos están sufriendo de falta de fuerza e integridad física.  En la mayoría de los casos su falta de bienestar se debe ya sea a enseñanza equivocada o a una falta total de enseñanza  acerca de la materia que trata este estudio.  La mayoría de los cristianos están completamente familiarizados con el significado de la sangre derramada pero no con el cuerpo partido en la ceremonia de la comunión. El aspecto del cuerpo partido del servicio de Comunión merece estudio y enseñanza.    
      
El valor de este estudio sobre la vida abundante depende enteramente sobre qué posición retenga usted referente a la Palabra de Dios. Si usted cree que la Biblia es la Palabra de Dios y que es la respuesta de Dios a las necesidades del hombre, entonces usted será capaz de manifestar los resultados en su vida.
      
De acuerdo a Malaquías 3:6, Dios dice: “Porque yo Jehová no cambio…” Él es el mismo todo el tiempo. Lo que Él fue una vez, Él siempre es. Lo que hizo una vez, Él siempre lo hace. El  Dios que yo conozco, que yo enseño y predico, y por quien yo trabajo, es el mismo Dios que el Dios de Abraham, David y Pablo. Dios no ha llegado a ser ni un poquito más débil a través de estos años.
      
La productividad de este estudio, gran parte, depende si usted está buscando o no liberación de la enfermedad. Si usted no está buscando completa liberación para su vida, sino una excusa para el cautiverio, este estudio no le será de provecho. Hay gente que cree que la voluntad de Dios para ellos es estar enfermos. Hay gente que cree que Dios es el autor de la enfermedad, el sufrimiento y toda clase de maldad para la humanidad.  Hay gente que cree que Dios los hace mejor cristianos al mandarles enfermedades y dolencias. Todas estas posiciones son contradicciones directas a la Palabra de Dios.  Dios no envía enfermedad, dolencia y pecado a la vida de nadie para hacerlo un cristiano más digno o más santo, ni tampoco envía Dios enfermedad y dolencia para probar a la gente.
      
Cuando la iglesia corintia estuvo manifestando enfermedad, división y contienda,  Pablo no los aplaudió por sus enfermedades. El no dijo: “Que ustedes estén enfermos es una señal del amor de Dios”. Ni tampoco dijo Pablo: “Carguen su enfermedad pacientemente pues Dios los está probando”. El Apóstol Pablo, según la epístola a los Corintios, los reprendió y se esforzó por corregirlos por estar enfermos. El los reprendió no como individuos sino como una congregación, como cristianos, porque ellos no discernían el Cuerpo del señor apropiadamente.  Ellos no se daban cuenta de que Jesús, que fue sacrificado en la cruz del Calvario, había logrado en su cuerpo algo para ellos. Pablo señaló que ya no era necesario sufrir enfermedad y dolencia.
      
La era de la ley fue totalmente diferente a la era de la Iglesia. Deuteronomio 28:15-6 habla sobre la maldición de la ley, aquellas cosas que sobrevinieron a los hombres que eran desobediente a la ley.

Deuteronomio 28:15
Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios,
para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos
que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti
todas estas maldiciones, y te alcanzarán.

Versículo 22:
Jehová te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor…

Versículo 27:
Jehová te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores,
con sarna, y con comezón de que no puedas ser curado.

Versículo 28:
Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu.

Versículo 35:
Te herirá Jehová con maligna pústula en las rodillas y
en las piernas… sin que puedas ser curado.

Versículo 60:
Y traerá sobre ti todos los males de Egipto…

Versículo 61:
Asimismo toda enfermedad y toda plaga… Jehová la enviará sobre ti…

La mayor parte de toda esta sección trata de enfermedad y dolencia.
    
La Iglesia, el cuerpo de creyentes, no está más bajo la maldición de la ley. Por la gracia de Dios por medio de Jesucristo somos ahora capaces de vivir la vida más abundante.

Gálatas 3:13:
Cristo nos redimió de la maldición de la ley,
hecho por nosotros maldición (porque está escrito:
Maldito todo el que es colgado en un madero).
     
Si hemos sido redimidos de la maldición de la ley entonces no tenemos más la maldición sobre nosotros. “Cristo nos redimió [tiempo pasado] de la maldición de la ley…” Eso quiere decir que él nos redimió, no sólo de algunas de las cosas mencionadas en la maldición, sino de todas ellas, lo cual incluye enfermedad y dolencia.
       
Si la Iglesia ha sido redimida de la enfermedad y la dolencia, entonces, ¿por qué estaba enfermiza y débil la Iglesia corintia?

1 Corintios 11:29-30
Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir
el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.
Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros,
y muchos duermen.

     
La iglesia corintia estaba bien enterada de lo que la sangre de Cristo significaba, pero no estaban logrando discernir el cuerpo del señor.
     
No dice cuántos miembros tenía la iglesia corintia, pero se puede documentar el número en otro grupo del Antiguo Testamento. Algunos eruditos estiman que dos millones y medio de personas salieron de Egipto, porque fueron 600.000 hombres más esposas e hijos. 

Éxodo 12:37
Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot,
como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.

Salmos 105:37:
…Y no hubo en sus tribus enfermo.
 
Siempre hay algo obviamente erróneo cuando hay miembros en la Iglesia que están débiles y enfermizos y la gente se está muriendo prematuramente. Si Dios puede sacar a dos millones y medio de personas de Egipto sin ninguna enferma entre ellas, entonces, ¿qué hay que Él no pueda hacer en el día en que vivimos? ¿No hará Dios en esta Era de la gracia lo mismo, si no más, de lo que hizo en el tiempo de la ley? La grandeza de este día en que vivimos es mayor que la de los días de Moisés. Jesucristo se levantó de los muertos, el espíritu santo está en la gente cristiana con gran poder potencial.

Hechos 13:38,39 Sabed, pues, esto, varones hermanos:
que por medio de él se os anuncia perdón de pecados,
y que de todo aquello de que por la ley de Moisés
no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.
    
Los hijos de Israel habían estado en Egipto por cuatrocientos años y habían sido terriblemente maltratados por los patrones egipcios.

Éxodo 2:23,24:
Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto,
y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre,
y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos
con motivo de su servidumbre.
Y oyó Dios el gemido de ellos,
y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.
        
Por 80 años Israel había estado esperando que apareciera su libertador.

Éxodo 3:10
Ven… y te enviaré [Moisés] a Faraón, para que saques de Egipto
a mi pueblo, los hijos de Israel.
       
Y Dios los sacó bajo el liderato de un hombre llamado Moisés.  Moisés llegó a ser el portavoz de Dios; y en preparación para la liberación de los israelitas esclavizados, Dios instruyó a la gente por medio de Su portavoz.

Éxodo 12:3,6-8,11
Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo:…
tómese cada uno un cordero…

… lo inmolará… entre las dos tardes.

Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes
y en el dintel de las casas…

Y aquella noche comerán la carne…
…es la Pascua de Jehová.
     
Dios dio su Palabra; aquellos que oyeron y creyeron obtuvieron los resultados.
         
Dios le dijo a Moisés que él debería decirle a la gente que hicieran dos cosas: (1) tomar la sangre del cordero y rociarla en el dintel y los dos postes de las casas y (2) comer la carne. La sangre y la carne eran igualmente importantes, igualmente significativas en lo que concierne a la Palabra de Dios y al pueblo de Israel. Esto fue la Pascua de Jehová.
        
Quiero que usted note algo más. Cuando el Señor pasó sobre Egipto y los primogénitos de los egipcios fueron muertos, Dios protegió las casas de los hijos de Israel debido a la sangre que ellos rociaron en el dintel y en los postes. Sólo la sangre los protegió. El Relato de Éxodo no menciona nada acerca de ver un esqueleto o la carne del cordero colocada fuera de la puerta. Si algún padre hebreo hubiese dicho: “Oh, esa Palabra de Dios que Moisés está hablando es una tontería; yo no creo en esa clase de cosas. Es tonto matar un cordero y rociar la sangre sobre nuestro dintel de puerta, y luego pensar que el heridor no vendrá. Yo no lo haré. Yo rehúso escuchar a Moisés; él no puede ser el hombre de Dios”. Si el padre realmente hubiese creído esto, el hijo mayor de esa familia hubiese muerto junto con los primogénitos de los egipcios incrédulos.
         
Después de prestar protección a los hijos de Israel por el derramamiento de sangre, ¿cuál fue el propósito del mandamiento:  “…comerán la carne…”?  Dios les dijo que comieran la carne del cordero para que sus necesidades físicas fueran suplidas.   Viendo a esos hebreos aquella noche en Egipto, ellos no lucían cambiados en el exterior. Pero algo había sucedido porque los israelitas actuaron según la Palabra de Dios.
          
La creencia se indica por medio de actuar según lo que Dios ha prometido. La gente hebrea guiada por Moisés demostró creencia. Dios les dio integridad física cuando comieron la carne del cordero, y literalmente tuvo piedad de sus vidas porque ellos siguieron Sus instrucciones al rociar la sangre. Ni un segundo antes de que comieran el cordero recibieron ellos integridad. Pero, esa noche cuando comieron la carne del cordero cuya sangre habían rociado sobre el dintel y los postes de la casa, ellos comieron salud física para sí mismos. El heridor pasó sin herir a los israelitas obedientes, y a la mañana siguiente todos estaban completos en todos los aspectos.
          
Esta gente actuó según la Palabra de Dios tal como fue hablada por Moisés.  Algunos de ustedes están diciendo: “Bueno si hubiese un Moisés hoy día, yo creería”.
          
¿Lo haría usted? Siempre que hay un hombre de Dios hablando la Palabra de Dios, usted tiene la Palabra absoluta.  Cuando yo estoy predicando el evangelio, yo soy el hombre de Dios con Su poder en mí, y todo el que crea las palabras que hablo obtiene resultados cuando actúa según ellas. Esto promete la Palabra.
         
Así como la sangre del cordero fue el cubrimiento por los pecados de los hijos de Israel, así la sangre de Jesucristo fue vertida por el pecado. El cuerpo de Cristo fue ofrecido por las consecuencias del pecado (esto es, enfermedad, dolencia y necesidad) al igual que el comer la carne fue la sanidad para los necesidades físicas de los hijos de Israel.

Mateo 8:17:
El mismo [Jesús] tomó nuestras enfermedades [estar incompletos],
y llevó nuestras dolencias.
    
Estas dos cosas Jesús hizo por nosotros pues él es nuestra pascua.

1 Corintios 5:7:
…porque nuestra pascua, que es Cristo,
ya fue sacrificada por nosotros.
          
En el pasaje de Éxodo 12, Israel estaba comenzando su jornada desde la tierra de Egipto, la tierra de esclavitud, a la tierra prometida. En esa jornada uno puede encontrar una verdadera comparación para la jornada de cada persona hoy en día. Describe la jornada que un cristiano puede hacer desde el tiempo de la esclavitud, la derrota y la frustración, hasta la vida más abundante. La única diferencia es que los hijos de Israel miraban hacia delante al tiempo de la cruz de Jesús, mientras que nosotros miramos hacia atrás a los logros en cruz de Jesús.
         
Cuántos hemos descuidado llegar a la gente de Dios con esta verdad acerca de la carga de nuestras dolencias por Jesús. Nosotros hemos enseñado que Jesús llevó nuestro pecado pero hemos descuidado el enseñar la otra mitad --que él  “…llevó nuestras dolencias”.  La Palabra de Dios es clara en cuanto a estas dos partes específicas en la muerte de Jesús. No estoy predicando una nueva doctrina, no estoy enseñando un evangelio nuevo; estoy enseñando el evangelio que Pedro, Pablo y el resto de los apóstoles enseñaron y predicaron, el cual trajo liberación a los creyentes. Yo creo en la obra completa de Jesucristo, no sólo para salvación del  pecado sino también para salvación de enfermedad. Si Pedro puede decir: “…En el nombre de Jesucristo… levántate y anda”, yo también puedo, su pastor también, usted también, porque la Palabra lo dice. Estamos limitados sólo al punto en que limitemos la Palabra de Dios en nosotros. Él, Jesucristo, cargó con nuestra enfermedad y nuestro pecado.
          
Los elementos de la Pascua para Israel son equivalentes a la Santa Comunión para la Iglesia. El cordero de Pascua tenía dos partes importantes: sangre y carne. Así también, la muerte del cordero de Dios tenía dos elementos: sangre y carne, simbolizados en la santa Comunión por la copa y el pan

1 Corintios 10:16:
La copa de bendición que bendecimos,
¿no es la comunión de la sangre de Cristo?
El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
    
1 Corintios 10:16 tiene los dos elementos descritos muy claramente; aun así por años no me di cuenta del gran poder de sanidad física en la comunión.Yo siempre creí que la “Celebración de la cena del Señor siempre ha sido considerada por la iglesia como el santuario más íntimo de toda la adoración cristiana”, como está asentado en nuestra liturgia de Comunión. Pero yo no había sido enseñado en las iglesias o seminarios a los cuales asistí que el cuerpo de Jesús fue dado por mi integridad física, aunque la Biblia dice que es así. La enfermedad ha venido sobre la Iglesia, aunque participamos de ambos elementos, porque no hemos discernido apropiadamente el cuerpo del señor.

Salmos 103:3:
El [Dios] es quien perdona todas tus iniquidades,
El que sana todas tus dolencias.
     
Hay dos partes: pecado y dolencia, una es removida por la sangre del cordero y la otra por la carne del cordero.

Isaías 53:5:
Mas él herido fue por nuestras rebeliones,
molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz
fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
       
Este pasaje profetiza los logros del mesías prometido, Jesucristo. De nuevo, note los dos elementos: perdón y sanidad. La integridad tiene dos partes espiritual y física.
      
En el Antiguo Testamento hay siete nombres diferentes para Dios que describen su naturaleza. Uno de los siete es Jehová Rapha que es hebreo, y quiere decir: “…Yo soy Jehová tu sanador”. Como se da en Éxodo 15:26.
        
Una parte integral de la naturaleza de Dios es sanidad física. El señor, en el tiempo en que los hijos de Israel salían de Egipto, les dio la promesa: “Yo soy Jehová tu sanador”.  Él sigue siendo el mismo Señor hoy día. Satanás causa enfermedades y las dolencias. Dios hizo disponible la salvación y la sanidad.

1 Pedro 2:24:
Quien llevó él mismo nuestros pecados
en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros,
estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia;
y por cuya herida fuisteis sanados.
     
Mientras Jesús andaba aquí sobre la tierra demostrando la voluntad de Dios, llegó el momento para el cumplimiento de aquellos que está relatado en 2 Corintios.

2 Corintios 5:21:
Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado,
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
  
Jesús, que no tuvo pecado, fue hecho pecado por usted y por mí: “para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
        
No hay palabras para describir el amor mostrado en la crucifixión de Jesús. Jesús, el hijo de Dios, sin ningún pecado --que no hizo otra cosa sino el bien para la gente, sanando sus cuerpos rotos y dándoles la Palabra de Dios-- ahora iba a ser crucificado por ellos. Le golpearon y entretejieron una corona de espinas para ponerla en su cabeza.  Escupieron en su cara y le pegaron. Finalmente le guiaron por aquel escabroso camino al calvario.

Juan 19:17:
Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera.*
    
La cruz que Jesús cargó estaba compuesta de todo lo que había en contra de nosotros.

Colosenses 2:14
Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros,
que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.
    
Fue ese castigo físico por el cual él pasó que trajo nuestra sanidad. En Isaías 53:5 leemos: “por su llaga fuimos nosotros curados”, y en 1 Pedro 2:24: “por cuya herida fuisteis sanados”.
    
Al final de su vida terrenal cuando le estaban golpeando y azotando, Jesús en su cuerpo físico estaba pagando el precio para la integridad física de la humanidad. Cuando él permitió que su cuerpo fuera golpeado y azotado, Jesús nos estaba redimiendo de la enfermedad y dolencia. No fue su cuerpo, sino su sangre la que fue derramada en el Calvario para la remisión del pecado

Mateo 26:28:
Porque esto es mi sangre del nuevo pacto,
que por muchos es derramada para remisión de los pecados.
      
Las palabras “sangre derramada” son una figura literaria y no quieren decir literalmente “sangre”, sino la vida que ha salido de la sangre. La sangre de Jesús fue derramada --él  murió-- para la  remisión de los pecados, no por las enfermedades.
        
Jesús fue nuestro substituto completo. Él fue nuestra pascua. Fue muerto por nosotros. En vez de tener que vivir bajo la maldición de la ley, ahora somos libres de esa maldición. Ahora vivimos por gracia por medio de creer en la obra finalizada de Jesucristo, el cordero de Dios.

_____________________________________________________________________
* Y él [Jesús], cargando su cruz” es la frase de la cual se ha inferido que Jesús cargó la cruz de madera. Esto no concuerda con los pasajes claros en los otros tres evangelios. Ellos estipulaban claramente que Simón de Cirene cargó la cruz de madera desde la puerta del Pretorio.

        
Cuando usted y yo creamos y conozcamos nuestros derechos legales en Cristo, y cuando conozcamos y creamos en el significado total de la Santa Comunión, no toleraremos más las enfermedades. Las enfermedades y el pecado pierden su poder sobre nosotros cuando discernimos apropiadamente el cuerpo y la sangre del señor.
        
La copa en la Santa comunión representa la sangre de Jesucristo; el pan representa el cuerpo de Cristo. Ya que Jesús llevó mi pecado y enfermedad en la cruz del Calvario, entonces cuando vengo a la Comunión en memoria de él y como de ese pan y bebo de esa copa, tengo sanidad y perdón de pecados porque “llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero…por cuya herida fuisteis sanados”.
        
El señor Jesús instituyó este nuevo pacto de la Santa Comunión simbolizando su sangre y su cuerpo.

1 Corintios 11:23-25:
…Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan;

 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo:
Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido;
haced esto en memoria de mí.

Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado,
diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre;
haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
         
La iglesia corintia fue amonestada a seguir celebrando la cena del señor.  Después de dar cada elemento, la escritura dice: “haced esto en memoria de mí”. No sólo es hacerlo, sino “hacerlo en memoria de Cristo”
     
Para tener memoria de alguien o de algo, primero tenemos que tener conocimiento concerniente a esa persona o cosa. Tenemos que saber lo que Cristo logró por su muerte antes de poder tener memoria de los resultados de su sufrimiento y muerte por nosotros.  Actuar según la promesa de Dios trae el resultado que Dios dijo que traería. 

Romanos 10:11:
La Escritura dice: ningún hombre
que crea en él--que se adhiera a,
se atenga a y confíe en él--será [jamás] avergonzado o desilusionado. 
[Traducción amplificada.]

Vaya a la mesa de Comunión sabiendo que sus pecados están perdonados y que por su herida fue usted sanado. Esto no depende de los sentimientos que usted pueda o no tener; depende de los logros de Jesucristo.
    
Al serle servido el pan, recuerde que Cristo dijo: “Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido”.   Con creencia reciba y dele gracias a Dios por su integridad física como espiritual.




jueves, 3 de julio de 2014

LA BIBLIA ME LO DICE CAP. 8 V.P. Wierwille


Capitulo ocho

Usted es justo ahora

Muchos creyentes renacidos están espiritualmente vencidos en esta vida debido a la conciencia de pecado. Ellos han sido salvos, pero Satanás viene a sus mentes y les dice que no son lo suficientemente buenos para la salvación por la gran cantidad de años que ha vivido en pecado. Este antagonismo y derrota espiritual viene cuando una persona no se da cuenta de lo que le ha sido dado por Jesucristo. Cuando una persona se hace cristiana, legalmente es hecha justa en Cristo.
      
¿Qué es la justicia?  La justicia es la justificación dada por Dios mediante la cual una persona está ante Dios sin ninguna conciencia de  pecado, culpa o defecto Romanos 8:33 dice: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica”. La justicia es algo que Dios imparte; es algo que Dios le dio cuando usted fue renacido, cuando usted confesó con su boca al señor Jesús y creyó que Dios le levantó de los muertos (Romanos 10:9-10 “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”.)

Aunque los creyentes reciben la justicia cuando ellos renacen, muchas personas por falta de enseñanzas piensan todavía que son indignas de recibir la bondad de Dios.  Esta creencia satánica continúa penetrando más y más en el subconsciente de sus mentes. Si el ser digno de Dios, dependiera de mi propia fuerza, yo sería un gran fracaso. Sé que soy débil en mi mismo, pero Cristo me ha hecho digno. Por lo tanto, no importa cómo yo me sienta o lo que mi mente endeble me diga, soy fuerte y en él soy digno.
        
Desde que el hombre fue creado, él ha tratado de elaborar su propia justicia y ha tratado de hacer la clase de obra que le haría a sí mismo parecer bueno a los ojos de Dios. El clamor básico del corazón del hombre es ser justo delante de Dios; tantos cristianos hacen toda clase de obras para obtener justicia, tal como confesar sus pecados, enseñar clases dominicales y guardar los diez mandamientos. Y sin embargo estas buenas obras no hacen a una persona justa. La justicia se obtiene de Dios por medio de la fe de Jesucristo.

Filipenses 3:9:
Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley,
sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe [creencia].

 Sus lágrimas, su afán y todas sus oraciones —sus buenas obras— no le serán de provecho. La justicia no es por la cruz que usted lleva, sino por la cruz que Jesucristo llevó por usted. La justicia de Dios es dada a todo creyente, no por obras, sino por la gracia de Dios que es favor divino.  

2 Corintios 5:21:
Al que no conoció pecado [Jesús], por nosotros lo hizo [Dios] pecado,
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

 Dios hizo a Jesucristo pecado por nosotros. Jesús, que no conoció pecado, llevó nuestros pecados sobre sí mismo para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Cristo Jesús. Todo lo que Adán perdió en la caída, Jesucristo lo obtuvo nuevamente para el creyente cuando murió sobre la cruz (1 Pedro 2:24: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”). Jesucristo, que no conoció pecado, por nosotros fue hecho pecado para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios.
       
Hoy ya no es cuestión del problema del pecado. El problema del pecado fue resulto en Jesucristo. Lo que queda es el problema del pecador. Un pecador cuando acepta Jesucristo como señor debe renovar su mente para creer la Palabra que él es justo, y como un hijo de Dios él no tendrá más que preocuparse, temer o sentirse indigno.  El simplemente tendrá confianza de que es digno por medio de Cristo Jesús.
        
Muchas  denominaciones han enseñado erróneamente que una persona puede ser justa un minuto e injusta al minuto siguiente; y que sí esa persona no se vuelve justa otra vez antes de su muerte, perderá el cielo y terminará en el infierno. Esto no es verdad. Cuando Dios nos hizo justos en Cristo Jesús hace más de mil novecientos años, nada tuvimos que ver con el asunto. Cuando el Espíritu de Dios en Cristo es nacido dentro de nosotros, somos en ese momento y para siempre justos. Nosotros recibimos la naturaleza de Dios la cual nos hace justos en ese mismo momento.

Romanos 3:22-25
La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,
para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,

por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

siendo justificados gratuitamente por su gracia,
mediante la redención que es en Cristo Jesús,

a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre,
para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto,
en su paciencia, los pecados pasados.

Usted no puede y yo no puedo ganar esta justicia. Dios en Cristo Jesús fue hecho justicia para usted hace más de mil novecientos años. Así que, ¿por qué dice todavía: “soy una persona injusta” si usted es renacido?

1 Corintios 1:30
Mas por él [Dios] estáis vosotros en Cristo Jesús,
el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación,
santificación y redención.
      
Usted no es una persona injusta si es nacido de Dios pues ha sido hecho justo; le ha sido dada sabiduría; ha sido santificado y ha sido redimido. Esto es lo que llamo un evangelio de liberación. Ni usted ni yo por nuestros propios esfuerzo podemos lograr esto; esto nos ha sido “hecho”, hecho para nosotros.

Romanos 5:8
Mas Dios muestra [introdujo favorablemente] su amor para con nosotros,
en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
       
Cristo murió por nosotros, no cuando éramos lo suficientemente buenos, sino cuando éramos lo bastante malos para necesitar de él. Y al hacernos justos, Jesucristo también nos eximió de tribulación futura.

Romanos 5:9
Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre,
por él [Cristo] seremos salvos de la ira.
      
Cuánto amo enseñar este evangelio de liberación y justicia. Cuando sepa que es justo en él, crea. Cuando usted cree la Palabra de Dios, sabe que su vida está en él; entonces ningún miedo, preocupación y culpa puede frustrarle y derrotarle. Para un creyente no hay necesidad, no hay pobreza, no hay enfermedad, no hay derrota porque éstas fueron superadas por medio de Jesucristo. Usted  puede ser liberado hoy de su servidumbre con sólo creer la Palabra de Dios. Debe tener confianza en Dios.

1 Juan 3:20-21
Pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón
es Dios, y él sabe todas las cosas.
Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios.

En tanto el corazón del hombre, su ser más intimo, lo esté condenando o acusando por cualquier razón, no puede obtener respuestas a sus oraciones porque no tiene confianza hacia Dios. El no puede creer y aceptar las simples promesas de la Palabra de Dios. Aquellos que son justos en Cristo Jesús y que saben que son justos no tienen razón alguna para temer. Pueden tener confianza hacia Dios y por lo tanto pensar y vivir victoriosamente.







miércoles, 2 de julio de 2014

LA BIBLIA ME LO DICE CAP.7 V.P.Wierwille


Capítulo siete

Dios nos rescató

Para entender que Dios nos rescató, primero debemos saber cómo fue que llegamos a necesitar rescate.  Las raíces del dilema de la humanidad emanan del relato en Génesis. Génesis 1:28 dice que Dios originalmente dio al hombre el gobierno, el dominio y la autoridad sobre este mundo. El hombre fue puesto en este mundo como gobernador y guardián. Pero cuando el pecado entró al reino terrenal a causa de la desobediencia del hombre hacia Dios, el hombre perdió su autoridad de gobierno y el Diablo la obtuvo. El Diablo le dijo a Jesucristo en Lucas 4:6 “…porque a mí me ha sido entregada [la potestad y la gloria de los reinos de la tierra]…”  Por tanto, hasta este mismo día el mundo en que usted y yo vivimos es el reino de Satanás. Vivimos en el reino que está bajo la gobernación de Satanás. De acuerdo con Efesios 2:1 todos los individuos nacen en este mundo “…muertos en…delitos y pecados” y, según Efesios 2:12…”sin esperanza y sin Dios…” Estando muertos, sin esperanza y sin Dios, nosotros definitivamente necesitábamos rescate.
        
Observe lo que Dios hace por nosotros según se relata en Colosenses.

Colosenses 1:13
El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas,
y trasladado al reino de [por] su amado Hijo
  
La palabra “liberado” se traduce más enfáticamente “rescatado”.  Dios, por las obras de Su hijo, Jesucristo, nos ha “rescatado”.  Note que este verbo está en tiempo pasado. Por lo tanto, Dios ya no tiene que rescatarnos; El ya lo ha hecho. La palabra “de” es la palabra griega ek que quiere decir “fuera de” o “fuera del centro” (como de un circulo). ¿Fuera de qué o fuera de en medio de qué nos rescató El? De “la potestad de las tinieblas”.
     
Este mundo, el cual es oscuridad y está bajo el domino del Diablo, es fuera de en medio de lo cual Dios nos ha rescatado. El nos rescató fuera de este mundo aun cuando todavía estamos morando aquí. Que Dios pudiera hacer esto es uno de los más grandes milagros.
     
La palabra “potestad” en el versículo susodicho (“…de la potestad de las tinieblas…”) es la palabra griega exousia de la cual el español deriva la palabra “ejercicio”. El nos  ha liberado de la  potestad ejercida de las tinieblas, la influencia en ejercicio de este reino de oscuridad.
       
La palabra “trasladado” (“…trasladado al reino de su amado Hijo”) en sánscrito es “ciudadanía”.  El nos rescató fuera de entre la potestad ejercida de las tinieblas y nos dio ciudadanía. Esta es una tremenda verdad.
     
¿Qué implica esta ciudadanía en el Reino de Dios? Para empezar, miremos la palabra griega para “ciudad”, polis. Las ciudades en los tiempos bíblicos estaban rodeadas por murallas. La muralla de la ciudad protegía esa ciudad. La ciudad amurallada era la polis. La gente dentro de la muralla era llamada la gente de la polis. Las murallas los protegían de ser atacados. Las murallas nunca eran construidas para mantener a la gente dentro de la ciudad sino para mantener al enemigo fuera. Las murallas formaban una protección, no para mantener encerrada a la gente libre de una ciudad o estado, sino para mantener alejado al enemigo de la gente libre. Un ciudadano libre en una ciudad es llamado un politës, de donde obtenemos la palabra “política”. Hablando bíblicamente, nosotros somos ciudadano de un reino—somos unos políticos.
      
Abraham buscaba una ciudad, polis.

Hebreos 11:9-10
Por la fe habitó [Abraham] como extranjero en la tierra prometida
como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob,
coherederos de la misma promesa;
porque [Abraham] esperaba [ya] la ciudad [polis] que tiene fundamentos,
cuyo arquitecto y constructor es Dios.
  
Abraham en su día esperaba una ciudad, no aquí sobre la tierra, sino una polis  “…cuyo arquitecto y constructor es Dios”. Esta ciudad está protegida con la cerca de Dios dentro de la cual las personas serían ciudadanos libres.
      
Un ejemplo no de polis sino de politeia, “comunidad”, se encuentra en Efesios.

Efesios 2:12
En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía
[comunidad, politeia] de Israel y ajenos a los pactos de la promesa,
sin esperanza y sin Dios en el mundo.
   
En el tiempo al cual se refiere Efesios 2, Israel se había separado de Dios y por lo tanto Dios no podía bendecirlos. Puesto que ellos se habían alejado de El, ya no tenían libertad y protección donde moraban. Estaban en esclavitud.
   
Politeuma, de la palabra raíz polis, se usa en Filipenses.

Filipenses 3:20
Mas nuestra ciudadanía [politeuma] está en los cielos,
de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

Nuestra ciudadanía, nuestra vida libre, está en los cielos. Aun mientras todavía estamos sobre la tierra, tenemos la promesa de ser ciudadanos en un estado libre.

Hebreos 13:14
Porque no tenemos aquí [sobre esta tierra] ciudad [polis]
permanente, sino que buscamos la por venir.

Si no tenemos una ciudad permanente aquí, nunca podremos tener completa libertad; por lo tanto,  “…buscamos la por venir”. Esa ciudad que está por venir debe ser incorrupta por dentro y protegida en todo su alrededor para asegurar a los ciudadanos la libertad total. Esta ciudad sólo podría ser la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios.
     
Ahora buscamos la ciudad permanente. Pero, ¿qué  hay sobre nuestra vida antes de que fuéramos liberados de la potestad de las tinieblas? Efesios nos habla sobre nuestra ciudadanía anterior.

Efesios 2:3
Entre los cuales también todos nosotros vivimos [vida de conducta negativa]
en otro tiempo en los deseos de nuestra carne,
haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos,
y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
       
Por el simple hecho de nacer en este mundo, éramos hijos ¿del reino de quién? Del de Satanás.  Este es el significado de la palabra “ira” en “hijos de ira”. Nacimos hijos del reino de Satanás—no espiritualmente, sino físicamente. Físicamente yo nací hijo bajo el gobierno de Satanás, muerto en delitos y pecados sin Dios y sin esperanza en este mundo. Pero Dios cambió todo esto, según esta relatado en Efesios 2.

Efesios 2:4-6
Pero Dios, que es rico en misericordia,
por su gran amor con que nos amó,
aun estando nosotros muertos en [llenos de]  pecados,
nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),
y juntamente con él [con Cristo] nos resucitó [tiempo pasado],
y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales
[el texto lee “en los celestiales”] con Cristo Jesús.

¿Quién nos dio vida? ¿quién nos resucitó? ¿quién nos hizo sentar en los celestiales? Dios.
Efesios 2:7-9
Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas
de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;
y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
no por obras, para que nadie se gloríe.

Cuando nacimos en este mundo, estábamos vivos físicamente pero muertos espiritualmente, sin Dios y sin esperanza. Algo tenía que sucedernos. Dios que es rico en misericordia y gracia, nos salvó.

Efesios 2:10
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras,
las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
   
Si Dios nos salvó, entonces no somos nuestra propia hechura; somos Sus hijos, hechura Suya, la hechura de Dios se efectuó cuando estábamos muertos espiritualmente; en aquel entonces Dios nos hizo vivos.

Colosenses 2:13
Y a vosotros, estando muertos en pecados y
en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él
[Cristo], perdonándoos todos los pecados.

 Dios nos creó en Cristo Jesús y tiernamente perdonó nuestras faltas. Pero antes que Dios pudiera vivificarnos, El tenia que tenernos como “materia prima” para trabajar. De este modo, la pregunta viene a ser: ¿Cómo nos gana Él para poder crearnos en Cristo Jesús?

Juan 6:44
Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere…
   
Podemos ser vivificados, podemos obtener esta ciudadanía, solamente si el Padre nos trae. No nos podemos alzar nosotros mismo por nuestros propios esfuerzos; no podemos salvarnos a nosotros mismos. Ningún hombre, ninguna persona, puede venir a Cristo y ser salvo a menos que el Padre le trajere. Para recibir vida eterna el hombre tiene que ser traído por Dios, alejándose así de las garras y gobernación de Satanás. Jesús usó la misma palabra (aquí traducida “atraer”) en Juan.

Juan 12:32
Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré [traeré] a mí mismo.
    
Jesús dijo en Juan 6:44 que solamente el Padre puede traer; y sin embargo aquí dice que Cristo va a atraer.  ¿Cuál es la respuesta?  Al mundo gobernado por Satanás en el cual usted y yo vivimos, vino una persona que fue concebida por el Espíritu Santo y nacida de María. Esta persona vino al mundo del Diablo no teniendo tiniebla alguna en él pues él era la luz del mundo. El no conoció pecado. Por nosotros fue hecho pecado para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. Además, él estaba en este mundo, pero no era de —no pertenecía a— este mundo. Cuando Cristo estaba en el mundo la Escritura dice que Dios estaba obrando en él.
2 Corintios 5:19
…Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo
[la gente en el mundo]…
     
Dios en realidad trae por medio de la muerte y resurrección de Jesucristo quien, de acuerdo con Isaías 53:6, cargó “…el pecado de todos nosotros”. A causa de la muerte y resurrección de Jesucristo, Dios podía entonces traer o rescatar a los creyentes de la gobernación de Satanás y darle ciudadanía en Su reino.
    
Antes de que Dios nos rescatara, estábamos muertos en pecados. Pero Dios envió a Su Hijo unigénito quien era el medio por el cual podíamos ser rescatados. Nosotros somos hechura de Dios creados a través de los logros de Jesucristo. Dios nos rescato.

Juan 3:16
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…
   
Dios envió a Su Hijo, quien no tenía tiniebla ni pecado alguno, y trajo a Su Hijo a Sí mismo. A causa de la muerte y resurrección de Jesús, Dios nos trae. Dios hizo posible nuestra gran esperanza de gloria: “…Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. Dios nos rescató de este reino de Satanás y nos dio ciudadanía en Su reino.

Colosenses 1:13
El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas,
y trasladado al reino de [por] su amado Hijo.
     
Este reino no puede ser el  “...reino de su amado Hijo” pues el Hijo no tiene su propio reino; el “reino” es el Reino de Dios. La palabra “de” debería ser “por”.  Es el genitivo de origen. Dios nos rescató del poder ejercido del reino de las tinieblas, la gobernación de Satanás, y nos dio ciudadanía en Su reino por lo que Su Hijo Jesucristo hizo por nosotros aquí sobre la tierra.

Gálatas 1:4
El cual [Jesucristo] se dio a sí mismo por nuestros pecados
para librarnos [rescatarnos] del [fuera de en medio del]
presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.
       
Hasta que renacemos, somos hijos de ira; estamos en un mundo físico que pertenece al Diablo, es su reino. Al ser renacidos, nos hacemos “…irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha [proveniente de Dios] en medio de una generación [un reino] maligna y perversa…” de acuerdo a Filipenses 2:15.
      
Dios nos trajo y nos rescató fuera de en medio de las influencias ejercidas de Satanás. Hay gente, sin embargo, en el mundo de Satanás quienes nunca serán salvos porque rehúsan creer. Pero, para aquellos de nosotros que queremos creer, Dios por su presciencia nos ha rescatado fuera del poder de Satanás. Cuando Dios nos separo y nos rescató, El nos trajo como ciudadanos a Su reino por los esfuerzos de Su amado Hijo.
      
Fue Dios quien envió a Su Hijo unigénito al mundo para buscar y salvar a aquellos que están perdidos, específicamente aquellos de nosotros que deseamos ser salvos. Dios nos rescató aun mientras todavía estamos viviendo en este mundo.      
Ya tenemos la ciudadanía en el Reino de Dios. El ya “…nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”, como dice en Efesios 2:6. Hablando legalmente, fuimos circuncidados en la circuncisión de Cristo. Cuando Cristo murió, nosotros morimos con él. Cuando él fue enterrado, fuimos enterrados en el bautismo de su entierro. Cuando resucitó nosotros resucitamos con él. Cuando ascendió, nosotros ascendimos con él. Cuando Cristo venció, vencimos con él. Cuando fue sentado, fuimos sentados con él. Cuando él llevó “cautiva la cautividad” y “dio dones a los hombres”, nos fue dado el poder para vivir victoriosamente aun en el reino de Satanás, teniendo la habilidad de manifestar el poder de Dios en la vida más abundante. ¡Qué revelación para el alma del hombre! ¡Qué gloria, qué gozo, qué paz! Porque Cristo nació y vivió hace 2000 años, estamos rescatados y ahora mismo tenemos ciudadanía en el Reino de Dios.